Es mejor un mal plan que no tener ninguno

Es mejor un mal plan, que no tenerlo.

Hay organizaciones, sobre todo las pequeñas, que por estar sus líderes en las tareas operativas del día a día, o por falta de conocimientos o preparación sobre tareas directivas, que no tienen una estrategia, se funciona “por inercia”.

Me encontré en una nota pasada sobre estrategia, de esas que acaban perdidas en una hoja, un apunte sobre típico caso entre la realidad y el mito. No he podido averiguar ni si es auténtica ni la fuente. Igual alguien la conoce:

Existe una historia famosa que ilustra la importancia de tener algún tipo de plan, incluso si a toro pasado se demuestra que era un plan equivocado.

Durante maniobras en los Alpes, un destacamento de soldados húngaros se perdió en condiciones climáticas severas y nieve profunda. Después de dos días de vagar, resignados a una muerte congelada en las montañas, uno de los soldados encontró un mapa en su bolsillo. Al descubrirlo, los soldados, animados, lograron escapar. De vuelta en su base, se dieron cuenta de que el mapa no era de los Alpes, sino de los Pirineos.

La moraleja: un plan (o un mapa) puede no ser perfecto, pero proporciona un sentido de propósito y dirección. Si los soldados hubieran esperado el mapa correcto, habrían muerto congelados, pero su renovada confianza los motivó a levantarse y crear oportunidades.

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