Siempre insisto en que definir e implementar la estrategia en sus diferentes niveles: corporativa, de mercado y funcional, es la labor más importante de los directivos y gerentes de cualquier organización. Sin embargo, si no hay una operación sólida, si las bases no están correctamente asentadas, la mejor estrategia carece de sentido. Una empresa que no ejecuta bien, que no es capaz de entregar productos y servicios de manera correcta, pone en riesgo incluso los planteamientos estratégicos más brillantes.
Como parte de las estrategias funcionales, la estrategia de operaciones va más allá de la gestión operativa diaria, centrándose en decisiones a largo plazo que alinean los recursos y capacidades de una organización con las demandas del mercado. Es decir, trata de definir las acciones a realizar para poder cumplir las estrategias de más alto nivel.
La teoría del cono de arena
Algunas técnicas proponen que las prioridades de mejora en las operaciones dependen de las circunstancias específicas y propias de la posición de mercado de una organización.
Sin embargo, otros expertos sostienen que existe una secuencia ideal para abordar estas mejoras. Uno de estos enfoques es el conocido como la teoría del cono de arena, desarrollada por Arnoud de Meyer y Kasra Ferdows, que combina dos ideas clave:
- Existe un orden óptimo para mejorar el rendimiento de las operaciones.
- Los esfuerzos de mejora deben ser acumulativos. Es decir, avanzar hacia una nueva prioridad no implica abandonar las anteriores.

Secuencia de mejoras
Calidad
Según esta teoría, la calidad debe ser siempre el primer objetivo, ya que es la base para cualquier mejora sostenible. Es decir, lo primero es hacer las cosas bien, y esto significa cumplir las expectativas que tiene el cliente sobre las características del producto.
Precisión
Una vez alcanzado un nivel mínimo aceptable de calidad, la atención debe dirigirse a la precisión, entendido como fiabilidad o confiabilidad, ser capaces de cumplir con lo prometido sin descuidar los avances en calidad. De hecho, lograr mayor confiabilidad suele exigir mejoras adicionales en calidad.
Velocidad
Con un nivel crítico de precisión alcanzado, que proporcione cierta estabilidad operativa, el siguiente paso es enfocarse en la velocidad, entendida como reducción en las esperas o los tiempos de entrega. Esto implica agilizar el flujo interno de trabajo, mejorar tu proceso, pero siempre complementando las mejoras previas en calidad y confiabilidad.
Flexibilidad
En esta etapa, la flexibilidad comienza a jugar un papel importante, ya que la capacidad de responder rápidamente a cambios en los requerimientos del cliente, ajustar volúmenes de producción o introducir nuevos productos resulta clave para optimizar la velocidad. Sin embargo, esto debe lograrse sin abandonar los esfuerzos en las áreas previas.
Costes
Finalmente, la teoría sugiere que el costo debe abordarse como la última prioridad. La metáfora del cono de arena ilustra este proceso: construir una base sólida de calidad permite añadir capas de confiabilidad, velocidad, flexibilidad y, finalmente, costo, ensanchando cada nivel a medida que se avanza. Solo así se logra una mejora sostenible y estable.
Aplicación y críticas
El modelo del cono de arena enfatiza que la mejora es un proceso acumulativo, no simplemente secuencial. Aunque algunos estudios han verificado la efectividad de esta secuencia en sectores relacionados con la fabricación, como en todo, no hay consenso universal. Mientras algunas organizaciones siguen el modelo y reportan beneficios, otras no logran resultados similares.
En cualquier caso esta teoría del cono de arena ofrece un marco útil para priorizar y gestionar las mejoras operativas, destacando la importancia de cimentar cada etapa antes de avanzar a la siguiente, y como suelo decir, antes de bloquearte por decidir qué hacer primero, siempre puedes probar y pasar a la acción.





