Tanto si eres el propietario, el fundador, el director, gerente, mando superior, mando intermedio o trabajador raso -yo soy todo eso y más- tu lugar de trabajo ha de ser ese sitio donde quieres ir a trabajar todos los días, y como tal, ha de reflejar el espíritu de qué haces y cómo lo haces. Tiene que ser tal que estés deseando que cualquiera lo vea y piense: “Yo quiero algo así para mí o para mi empresa”.
El lugar de trabajo como fuente de inspiración
No veo la televisión, pero sí que sigo unos cuantos canales de gente dedicada a fabricar, crear, inventar, innovar. Es algo que me gusta hacer en mi tiempo libre y que quiero explorar como servicio profesional.
En uno de los canales, dedicados a la creación de mobiliario -yo de hecho he fabricado y modificado casi todos los muebles de mi casa- el autor, que es carpintero y trabaja en un taller, diseñó un banco de trabajo espectacular. Para el que tenga tiempo es este enlace. Sus palabras literales son que muchos pueden pensar que hacer algo así es demasiado, que sólo se trata de un lugar para trabajar, pero cree que es cierto, que es tan solo un lugar para trabajar, para sentirte inspirado para poder trabajar, y qué mejor inspiración que trabajar en un lugar que tú mismo has creado, con los mejores materiales y con las mejores herramientas.
El mensaje me resultó inspirador. De alguna manera son esas cosas que sabes de forma implícita -yo mismo modifiqué mi espacio de trabajo el año pasado porque no me sentía a gusto- pero que olvidas hasta que alguien te lo vuelve a recordar.
El lugar de trabajo como generador de valor
Soy consultor de operaciones. Mi lugar de trabajo es la casa del cliente y mi ámbito son las operaciones, que es donde se produce la aportación de valor, el contacto con el material, la transformación. Si bien hay otras formas de valor en un producto, como la disponibilidad, la atención y consejo que puedas tener durante el proceso de compra, la posibilidad de comparar y conocer opiniones de cientos de personas, o la imagen y exclusividad que pueda estar asociada a un producto o servicio, si no hay transformación, no hay valor. Es decir, la manera más tradicional de aportación de valor es dotar a unas materias primas y componentes de otras características que combinadas, hacen que se transforme en un producto diferente, mejor, con nuevas características útiles y que son valoradas y pagadas.
Parte de mi trabajo es ayudar a conseguir que los lugares donde se transforman, almacenan y mueven los materiales sean seguros, limpios, adecuados, claros, eficientes y adaptados al producto, al proceso y al mercado al que sirven. No se trata solo del aspecto, sino de que la disposición de equipos sirvan al proceso y al flujo.
Finalmente, un buen lugar de trabajo puede ser visitado por potenciales clientes, que se sientan a su vez inspirados e identificados y decidan en función de ello que ese ha de ser donde se fabrica su producto. Es un lugar que motiva y hace crecer a las personas que lo utilizan y lo mantienen.
El lugar de trabajo como reflejo de la cultura de empresa
No todas las empresas son iguales. Cualquiera tuvo su arranque, con mayor o menor apoyo, se estabilizó, creció, tuvo periodos de transformación. Algunas han decidido, de mano de sus promotores, quedarse en unas dimensiones concretas, otras tienen que dar saltos complicados y transformarse si quieren seguir creciendo.
En cualquiera de ellas lo fundamental son las personas, y dentro de ese grupo es clave la figura del promotor, propietario, director. De su estilo personal, de sus prioridades, de sus medios dependen en gran medida esa serie de elementos tangibles o intangibles que hacen que, cuando ves un lugar por primera vez, tengas una impresión. Por supuesto una impresión positiva es preferible, y no siempre se consigue. Todos lo hemos vivido cuando hemos visitado a clientes, a proveedores, a posibles nuevos empleadores.
Todo esos tangibles o intangibles, que se reflejan no solo en los espacios de trabajo, sino en las actitudes y comportamientos de las personas que te encuentras, del camino hasta conseguir tu objetivo, como llegar a la persona a entrevistar, en la limpieza, en el orden, en el ambiente, forman la cultura. La cultura es como la personalidad de la empresa, conformada por todas esas acciones, formas de trabajar y de actuar compartidas entre las personas de la organización y desarrolladas en los espacios de trabajo, no solo en las actividades operativas de fábrica y almacenes. Esa cultura es reflejo de las actitudes de sus promotores, y se transmite de arriba a abajo.
Siempre es un placer encontrarte con empresas en las que hay una buena cultura, y eso es algo que se siente desde que pones el primer pie en sus instalaciones.





