Teletrabajo y ciberseguridad

No es tan sencillo. El hecho de teletrabajar no sólo supone tener un equipo, los programas y las conexiones. Aparte de las relaciones laborales y de quién ha de proporcionar los equipos y contribuir al pago de los gastos, se une la necesidad de realizar conexiones seguras y cifradas, sobre todo en el caso de administraciones públicas.

En estos días tan complejos se reciben un montón de mensajes, de noticias, de quejas, de sugerencias, de fake news, de propuestas de caceroladas y es complejo atender a tantos niveles de sobreinformación, que no es más que otra manera de desinformación.

Dejando de lado las medidas o el modelo a adoptar de tipo sanitario o económico -y tratando de alejarme de esta situación inédita- vuelvo a recibir hoy mismo quejas relativas a que en algunas administraciones se está trabajando, aunque no sea de cara al público y el teletrabajo suena como la propuesta estrella.

Algunos colegas que trabajan en el ámbito sanitario tienen más que claro que existen una serie de protocolos de seguridad extremadamente estrictos relacionados con el tratamiento y la custodia de los datos que manejan que hacen inviable o al menos muy complejo, que no imposible, el poder teletrabajar desde sus casas. Pero esta apreciación no es la más extendida y el común de la gente, incluso trabajadores de la administración con acceso a diferentes categorías de datos, piensan que teletrabajar es un ordenador y una wifi. Yo personalmente ando todo loco tratando de poder establecer medios de trabajo seguros, para mí y para mis potenciales clientes, y casi entiendo lo complejo que es conocer y usar medios y tecnologías seguras, equipos actualizados y con duplicidades, software, protocolos, cortafuegos, accesos a la nube, cifrados, copias de seguridad, borrados, custodia de datos…

El campo de la ciberseguridad es altísimamente especializado y cambiante, una suerte de juego del gato y el ratón, entre los que se aprovechan de los recovecos para sacar provecho y los que intentan protegernos.

Pero, visto lo visto creo que queda muchísima labor de concienciación o formación acerca de qué datos utilizamos, cómo y por qué debemos hacer todo lo posible por salvaguardarlos, y ésto, repito, tanto en una situación “normal” como en una situación “anormal” como la que vivimos, independientemente de prioridades de tipo sanitario o económico.

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